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Patagonia en moto. Semana II. Chile Chico – Punta Arenas.

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Día 8. 5 de Diciembre 2011 (lunes)

CHILE CHICO –  GOBERNADOR GREGORES = 429 Km

Buscamos un taller para intentar arreglar en lo posible el manillar, y encontramos “Taller Felipe” motero de enduro, y con un tubo logramos enderezar hasta una posición más cómoda el manillar. No quise forzar más por miedo a doblar sin posibilidad de arreglo el manillar.

Saludamos nuevamente a la parejita, «Jorge y MonCheri».

Cruzamos sin problemas las fronteras Chilena y Argentina. En el primer pueblo Argentino llamado Perito Moreno cargamos gasolina y nos metimos de lleno en la famosa y mítica Ruta 40 camino al sur. El panorama cambió drásticamente volviéndose en inmensas extensiones con vegetación baja y fuerte viento de costado. En la cuneta vimos el primer Guanaco atropellado. La pobre era una hembra (angelito). En el trayecto vimos varios Guanacos como caballos saltando en medio de la carretera, algunos que otros Ñandúes y Liebres.

 

Después de 40 km de buen pavimento lamimos nuevamente otros 85 km del polvo del ripio hasta llegar a Bajo Caracoles. Una aldea empotrada en medio de la nada y, sin combustible. Esto es la Argentina del sur, palabras dichas por otra nueva pareja de amigos del Brasil.

El elemento del garito – tienda nos pintó de negro el paseo de 150 km que nos quedaba hasta el siguiente pueblo habitado. Comimos unos sándwiches gigantescos con cerveza argentina y después de consultar al “Espíritu de Aflou” y con la gasolina muy justa en nuestros depósitos nos lanzamos a la aventura. En principio la carretera era pavimentada donde alcanzábamos buena velocidad y, se alternaba con pistas de ripio más o menos compactadas. Fuimos alternando entre pistas y pavimento.

Encontramos nuevos moteros alemanes e intercambiamos saludos y estado de las rutas. Buena gente los moteros. La pista dura seguía entre altos páramos y hermosos paisajes atardeciendo hasta llegar a Gobernador Gregores. Lo primero que hicimos es cargar los depósitos y jerrycans hasta la bola, por si las moscas. Encontramos un buen hotel con habitaciones amplias. Cenamos de lujo con los brasileños.

El recorrido ha sido de 429 km.

La etapa la podemos denominar como: “gloriosa

 

 Día 9. 6 de Diciembre 2011 (martes)

GOBERNADOR GREGORES  – EL CHALTÉN = 384 Km

Después del desayuno “americano”, cruzando dos coquetos y pequeños puentes, enfilamos al sur hacia la Estancia Julia. El carretera discurre por largas rectas a través de 125 km de buen pavimento.

Una vez tomado la bifurcación hacia el oeste, comienza la función !!, 145 km de puro y duro ripio acompañado de fuerte viento del norte. La única forma de poder avanzar era continuar haciendo equilibrio sobre la huella compactada de los vehículos y haciendo malabarismo con el manillar, el cuerpo y toda tu atención para no salirte, ya que te encontrabas con montículos de redondos ripios que las ruedas no eran capaces de agarrar y por lo tanto resbalabas. La atención y la tensión eran constantes para no caerte. En ningún momento podías relajarte ya que la máxima atención era seguir la huella y adivinar zonas compactadas para manejar con seguridad la moto. En algunos tramos la huella no existía y la única manera de salir ileso era meter gas de forma regulada y constante. Estas eran para mí las peores zonas.

En todas las pistas el Bala abría camino por la huella pisada y marcaba el ritmo, estaba en su ambiente. El fuerte viento constante y a veces racheado nos acompañó en toda la travesía, la tensión de los brazos y caderas eran máximas, y la concentración al 100%. Vimos grupos de hermosos caballos casi salvajes pastar y corretear por esos páramos de vegetación baja. Muchos atropellos de liebres y de destacar que cuando nos quedaban unos 40 km hasta finalizar el puñetero ripio, pasamos junto a una pickup y un tío joven con su boina color rojo empuñando un largo cuchillo, descuartizaba un cordero, al parecer atropellado. En la pickup llevaba dos perros con cara de pocos amigos. Viendo tan tétrico ambiente, ni paramos. Continuamos la pista sin piedad hasta una triste aldea-pueblo llamada Los Tres Lagos. Buscamos una especie de comedor para tomar algo y relajarnos de la dura etapa. Comimos unos filetes de no-se-qué con pasta seca y dos litros de polvo de naranja con agua fría. Qué gran tristeza acompañan estas aldeas y sobre todo, como se puede vivir en lugares tan inhóspitos.

Cogimos nuevamente las cabalgaduras y, tras hacer un breve recorrido por el maldito ripio, oooohhhh, por fin, el goudroné, el ansiado y seguro pavimento. Con alegría rodamos por esta superficie.

Paramos para hacer unas fotos a un pobre “angelito” de Guanaco atrapado y muerto desde hace tiempo por una estúpida alambrada. 

El ritmo de avance era bueno con promedio de 120 km/hora y con ráfagas de aire superior a nuestra velocidad. Cuando empezamos a bordear el Lago Viedma, el tiempo cambió amenazando lluvia y, efectivamente, después de avanzar unos km, las nubes nos envolvió y la lluvia descargaba sobre nosotros un ligero manto de agua que limpió el polvo que acumulábamos de las pistas. Por precaución bajamos el ritmo de avance y por entre pasos de montañas cubiertas de nubes, llegamos a El Chaltén.

Nos aprovisionamos de combustible por si las moscas y buscamos un hotelito para refugiarnos de la lluvia, cenar y conseguir un merecido descanso. Una vez encontrado refugio y quitarnos la mugre de las puñeteras pistas de ripio como puños, decidimos comer el famoso cordero patagónico. Durante el paseo por este bonito y reciente pueblo de montaña con sus casas de madera pintadas,  resultó estar habitado por cantidad de gente joven y no tan joven atraídos por el trekking.

Descubrimos tibiamente unos altos cerros forrados de nubes que fotografiamos por tener constancia visual (todavía no habíamos adivinado la sorpresa que nos esperaba).

La cena del cordero resultó ser un fiasco, ya que lo que nos dieron era un revuelto de ciertas partes duras del cordero a la brasa. Como es normal en mí, lo devoré con pasión. A la hora de pagar, el Bala que es más milindre en la comida, protestó, y nos regalaron un plato de cordero. El Bala estaba feliz. Dormimos en una cabaña de madera como en las películas.

El recorrido de este día fue de 389 km

El día lo podemos catalogar como de: “hazaña   

Día 10. 7 de Diciembre 2011 (miércoles)

EL CHALTÉN – EL CHALTÉN

 A las 05:30 hrs el día prometía soleado. A las 07:30 hrs toqué “diana” para aprovechar el hermoso día que se nos presentaba. El abanico de posibilidades que nos planteaban eran amplias  y optamos por la más señorial (de andar nada), alquilar unos caballos y ver el mítico monte Fitz Roy de  3405 mts de altitud y sin necesidad de pegarnos un tute andando.

Las distancias cercana para ver este mítico monte entre la ida y la vuelta era de 5,5 horas. Con la rodilla tocada, no me resultaba muy divertido, y la opción de los caballos prometía. En una farmacia  compré una super-rodillera y una crema de caballo anti-inflamatoria. Me embadurné con pomada la rodilla y la protegí con la armadura y nos fuimos a la conquista del Fitz Roy…… a caballo !!!. 

Los guías Carlos y Héctor, resultaron ser auténticos gauchos, con sus chapelas y claro, con sus cuchillos al cinturón. El recorrido de 2,5 hrs resultó ser extraordinario.

 

Atravesamos bosques, ríos culminando una suave subida hasta contemplar casi extasiado las paredes del FITZ ROY. Por fin, uno de mis sueños se hizo realidad, contemplar esta mítica pared. Recorrimos una mínima proporción de esta hacienda privada de 8000 hectáreas.

Los guías gauchos nos enseñaron las pieles curtidas del que fue un hermoso y gran Puma y de un Zorro rojo, ambos “angelitos” víctimas de la estrechez  mental del que se cree todo-poderoso ser «humano». Hoy, en la lejanía, y según nuestros amigos los Gauchos, hemos visto un Cóndor. Después de una buena cazuela de Locro (comida típica Argentina) y, bingo, conseguí enchufarme en internet, me sumerjo en el sueño. 

El día de hoy es de: “extraordinaria y salvaje belleza”      

Nota: estos lugares tan extraordinarios son para pasar varios días y hacer excursiones para poder ver más, ya que está plagado de hermosos lugares. 

   

Día 11. 8 de Diciembre 2011 (jueves)

EL CHALTÉN– GLACIAL PERITO MORENO – EL CALAFATE = 353 Km

Abandonamos este coqueto pueblo de montaña con sol. Las hermosas montañas nevadas nos dicen adiós a través de nuestros retrovisores.

  

La mítica Ruta 40 transcurre pavimentada por grandes extensiones esteparias conduciéndonos nuevamente a otras hermosas cumbres siempre nevadas. Una mamá de Ñandú con sus crías nos mira sin inmutarse desde la alambrada-frontera inventada por los “sapiens” – que pena ¡¡¡.

En El Calafate repostamos, ya que nunca se sabe lo que puede ocurrir en estas tierras del sur. Atravesamos esta mediana ciudad con rumbo oeste para ver el glacial. Como es costumbre en estos parajes, de la estepa más vacía, pasamos a bosques alpinos sin darnos cuenta. La entrada de pago obligatoria para ver el famoso glacial Perito Moreno cuesta 25 $ por persona y te dan todo tipo de información. El camino de montaña que conduce hasta el final pasa por unos de los hoteles más caros creado justo enfrente de la pared del glacial, dicen que la noche cuesta como 1200 $.

 

Paramos en un mirador para ver y, todavía desde lejos, el increíble panorama de hielo, y curiosamente el grupo de italianos que conocimos en la travesía del barco desde Hornoripén, nos saludan efusivamente.

Contemplamos algunos témpanos de hielo flotando y nos parece espectacular. Al acercarnos al estacionamiento, vemos la primera línea de hielo y nos parece grandioso. Un bus nos sube hasta una pequeña meseta donde comienza una bajada entre pasarelas muy bien pensadas y diseñadas y, admiramos desde distintas alturas la “magnificencia” del frontal de bloques de hielo de una altura de 50 mts y con distintos colores.

 

Oímos el retumbar muy parecidos a los truenos cuando se quiebran pedazos de hielo. No encuentro una palabra mayor que “magno” para describir lo que veo. Hay rincones donde te sientas y puedes estar horas y horas contemplando el extraordinario paisaje jamás visto. Todo acompañado por un día de sol radiante. Cruzando el bosque oyes y ves Picapinos martilleando los pinos sin inmutarse.

Regresamos a El Calafate y buscamos un hospedaje para pasar la noche. En estos hospedajes con gente joven y sus portátiles a toda pastilla es difícil coger línea de internet para comunicarnos con nuestras familias y amigos queridos. Este hotelito resultó estupendo y su nombre es “Hostal del Glacial Libertador” mail info@glacial.com  

Paseamos por la calle principal de este turístico pueblo y cenamos en plan vegetariano con cervezas artesanas del país.

Los km recorridos en esta jornada son de 353 km.

Este hermoso día lo clasificaría como : Inconmensurable 

 

Día 12. 9 de Diciembre 2011 (viernes)

EL CALAFATE –  TORRES DEL PAINE = 471 Km

De este buen Hostal y con sol de justicia abandonamos este ajetreado pueblo. Fieles a la mítica Ruta 40, cabalgamos por rectilíneas carreteras pavimentadas atravesando inmensas estepas planas jalonadas con sus haciendas legendarias y equidistantes unas de otras.

Después de cargar combustible, la carretera cambió de sentido hacia el oeste adivinándose altas montañas nubosas.

Cruzamos la frontera por el paso Dorotea. Fue increíble el cambio de paisaje. Ahora estábamos en Chile y la vegetación tomó color, aparecieron los árboles y casitas aisladas de madera pintadas con colores vivos. Llegamos a Puerto Natales y tras tomar una merienda con rico café y croisanes decidimos descubrir el Parque Nacional de las Torres del Paine por la entrada de Cerro Castillo.

Nuevamente recorrimos ripio compactado pero la inmensidad y la belleza de la zona lo merecía.

Acabamos en el camping “Soler” justo a la entrada del Parque. Los servicios del camping incluían el alquiler de las tiendas, sacos y desayuno. Exigimos unas colchonetas y claro está, unas almohadas (los Yayos ya no están para estos trotes). El emplazamiento del lugar era sencillamente extraordinario con unas vistas sin palabras.

 Todo aquello nos retrocedió a 40 años atrás y el momento con su noche prometía hasta gracioso. Instalamos el cordel para secar la ropa y montamos un tingladillo típico de los Scouts.

 

La cena ante un inmenso ventanal con vistas a los Cuernos del Paine no tenía parangón posible y regado de unas copas de Calafate Sour (pisco, fruta del arbusto Calafate y no sé que más). El coctel visual y líquido alcohólico resultó ser completamente sedante.

Los km recorridos hoy fueron de 471.

La jornada de hoy la puedo clasificar como : “prometedora”    

 

Día 13. 10 de Diciembre 2011 (sábado)

TORRES DEL PAINE – TORRES DEL PAINE  = 30 Km

 

Menuda nochecita. A eso de las 2 de la madrugada la puñetera colchoneta se desinfló, el saco que no pude cerrarlo del todo porque no cabía (estoy gordo) era del todo impropio para este clima. La lluvia apareció de repente y todo regado por un frío glacial (nunca mejor dicho). A eso de las 07:00 hrs el frío nos caló el cuerpo, hasta el Bala estaba a esas horas despierto y despotricando. También su colchoneta perdió aire y estaba aterido de frío. El termómetro marcaba 6 grados. Arto de frío fuimos a desayunar y quejarnos de los sacos y las jodías colchonetas. El precio que pagamos por volver a ser jóvenes fue de 36 $.

Ateridos de frío y previo pago de 32 $ por cabeza nos dieron un mapa y entramos al Parque Nacional de las Torres del Peine. Una de las pistas que conducía al Lago Grey para ver el glacial de este mismo nombre la estaban reparando, habían puesto una capa de arena roja que con la lluvia era pasta arcillosa imposible de circular sin caernos. Decidimos seguir otra pista camino a las Torres del Paine. Las señalizaciones son bastantes escasas por no decir nulas. Los Parques Nacionales Argentinos están mejor explotados ante los turistas que los Chilenos. La lluvia era presente y constante. Paramos en la guardería Pudeto para ver la cascada del Lago Pehoé (menos mal que es el salto chico), no podíamos llegar caminando al mirador por el fuerte viento y la lluvia se tornó en nieve. Hicimos la pertinente y fugaz foto, joder qué fríooooooooooooooooooo. Las Torres estaban completamente cubiertas. Empapados volvimos a las motos y fuimos a otro camping llamado Pehoé a probar suerte.

 

 No queríamos abandonar este sitio sin al menos intentar ver las magníficas Torres del Paine (que por cierto significan “azules”). Los ríos y lagos son de un precioso azul turquesa del glacial y la profundidad. Volviendo al camping, hemos alquilado un “duomo” que es un igloo espacioso sobre madera aislado del suelo, con dos hamacas, sacos de dormir (de verano) y una manta.

Seguimos con el espíritu de los Boys Scouts.

Tomamos un rico, confortable y carísimo menú” por solo 80 $ (los dos), y visto que no paraba de llover y del fuerte viento, el Bala conectó su Ipod con música y nos quedamos dormidos. Con el objeto de acumular calorías para pasar la noche, nos fuimos a cenar unos bifes con patatas y una botella de vino chileno “no sé qué del Diablo” que compartimos con nuestro agregado charlatán argentino Eduardo.

Después de la cena en el restaurante del camping, fuimos a visitar a otros nuevos amigos moteros argentinos Claudio & Nino, que también estaban cenando dos pedazos trozos de carne a la parrilla junto a sus tiendas. Abrieron otras dos botellas de vino argentino. De estos vinos ni me acuerdo los nombres. El caso que estuvimos un buen rato charlando y bebiendo, incluso un hermoso y precioso zorro rojo deambulaba muy cerca de nosotros por si caía algún trozo de carne. A pesar del fuego, el frío y el viento se colaban por los poros del cuerpo y nos envolvimos completamente vestidos dentro del saco de verano y las mantas a pasar la noche en el igloo.

Día 14. 11 de Diciembre 2011 (domingo)

TORRES DEL PAINE PUNTA ARENAS  = 357 Km

Valiente nochecita de aire y frío. Para darme ánimos, ya que andaba encojío, me di una larga ducha con agua hirviendo hasta abrirse los poros. El zorro rojo seguía husmeando por el frío campamento. Después del desayuno compartido con nuestro agregado, nos despedimos de todos. A última hora variamos el plan, ya que las Torres del Paine seguían cubiertas de nubes y amenazaba lluvia. Decidimos poner rumbo al sur.

 

Dejamos por nuestro retrovisor el Parque Nacional de las Torres del Paine y los Glaciales. Cerca del pavimento visitamos la Cueva del Milodón. Una abrupta y gran cueva donde supuestamente encontraron restos de una especie de oso de las cavernas de hace un puñao de años. El entorno es muy hermoso y disfrutamos de la caminata y adivinar cómo se vivía en aquellos años.

A la salida de Puerto Natales nos hicimos unas fotos junto a “capillitas”  en los arcenes. Una en particular, estaba atiborrada con botellas de plástico y al parecer serían con agua. Cruzamos inmensas extensiones esteparias plagadas de “haciendas” privadas. Nuestra escala sería Punta Arenas al borde del mar dejando atrás nuestras hermosas montañas nevadas.

Con la ayuda del inestimable y certero GPS urbano , ya que en los Parques Naturales ni se cosca de satélites, en la urbe funciona de maravilla, buscamos un albergue. Por 10 $ por persona y noche, encontramos el Montecarlo, que antaño brillaría de hermosura, pero que al día de hoy, su encanto marchitó.

Acabamos en un restaurante llamado Jekus que significa “la flecha de piedra” y nos metimos entre pecho y espalda sendos lomos y salmones acompañados por seviche y centolla. Sucumbimos en una cama blanda pero sin frío.

Los km de hoy fueron 357.

Esta jornada no tiene título.

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