Patagonia en moto IV. Río Grande – El Bolsón.

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Día 22. 19 de Diciembre 2011 (lunes)

RÍO GALLEGOS – PUERTO DESEADO = 784 Km

Amanecí totalmente despejado y con el trancazo eliminado. Las calles estaban desiertas y los comercios cerrados después de una noche de fiestas populares. Arrancamos las monturas y dirigimos las miradas rumbo norte. La monotonía del paisaje pampero completamente llano y con fuerte viento de costado fue la tónica predominante, con algún  que otro aguacero que en ciertos momentos no veíamos nada.

Para destacar nos vimos con unos auténticos abuelos holandeses de 74 años haciendo la mítica Ruta Trans-Americana, 18.000 km a bordo de un Volvo de hace 40 años. Ná es ná !!!!!.

Conocimos a otro motoquero alemán llamado Jurguen que quiere hacer la vuelta al mundo en tres años cabalgando en su motocicleta. Ná es ná. Lo cierto es que te encuentras con elementos bien majetes. Dudando en donde tirar nuestros cuerpos esta noche, nos desviamos de la Ruta 3 y hemos acabado en Puerto Deseado, un rincón pesquero muy tranquilo al borde del Atlántico.

Hemos elegido un buen Hotel “Los Acantilados”

Los km que hemos recorrido hoy son 784.

El día lo llamaré : “carretera y manta”

Día 23. 20 de Diciembre 2011 (martes)

PUERTO DESEADO

A eso de las 09:00 hrs estábamos en la bonita oficina de Darwin Expediciones comprando los tickets para la jornada que será de pingüinos.

Salimos de la ría en una buena zodiac con un motor silencioso de 250 HP y tranquilamente íbamos admirando un pequeño grupo de delfines llamados Toninas Overas. Estos hermosos y pequeños mamíferos fueron dejando paso según salíamos a la mar al Delfín Austral de mayor tamaño. Las sesiones de fotografías se iban sucediendo sin pensar ni por asomo lo que más tarde vendría. De esta forma nos fuimos acercando a un grupito de islotes donde el fuerte olor y los Lobos Marinos de Un Pelo, abundantes hembras harén con sus respectivos machos, nos daban la bienvenida con los gruñidos de ellos. Impresionante verlos de cerca. Varamos la embarcación en la Isla de los Pinguinos y saltamos a tierra. Tan solo la primera impresión de ver a tan corta distancia los primeros ejemplares de Pinguinos de Magallanes, erguidos y caminando como si nada, uno tras otros por un sendero y otros dando cobijando a sus polluelos, ya resultó el “sumo” para lo que vendría. Recorrimos un camino ya diseñado sin molestar a esta colonia con sus crías, algunas todavía de semanas.

Las sesiones de fotografías se iban sucediendo sin pensar ni por asomo lo que más tarde vendría. De esta forma nos fuimos acercando a un grupito de islotes donde el fuerte olor y los Lobos Marinos de Un Pelo, abundantes hembras harén con sus respectivos machos, nos daban la bienvenida con los gruñidos de ellos.

Impresionante verlos de cerca. Varamos la embarcación en la Isla de los Pinguinos y saltamos a tierra. Tan solo la primera impresión de ver a tan corta distancia los primeros ejemplares de Pinguinos de Magallanes, erguidos y caminando como si nada, uno tras otros por un sendero y otros dando cobijando a sus polluelos, ya resultó el “sumo” para lo que vendría. Recorrimos un camino ya diseñado sin molestar a esta colonia con sus crías, algunas todavía de semanas.

Estos, ni se inmutaban, ni corrían, ni se asustaban, es más, te miraban y torcían la vista como diciéndote, tú que miras¡¡¡¡, la tranquila y exquisita caminata bordeaba el faro y las viejas y destruidas instalaciones donde como siempre el ser humano eliminaba todo lo que no fuera beneficio para sus bolsillos, llegando a matar 30.000 ejemplares de Lobos de Mar para saciarse de su aceite y venderlo al mundo civilizado.

Siguiendo con el hermoso paseo, pasamos a la colonia de Pinguinos de Penacho Amarillo, todos ellos viviendo entre un roquedal con salida al mar. La ley de Murphy se cumplió, y la batería de la cámara se agotó.

Estos ejemplares tremendamente hermosos en sus andares y tal como son, nos brindó unas horas placenteras donde tan solo viéndoles, me llenaban de paz. Sencillamente “apoteósico”.

Además de todo esto, los Skúas sobrevolaban por nuestras cabezas en defensa de sus polluelos que pululaban tranquilamente. En la orgía de aves se sumaban los Cormoranes Grises, Imperiales los Osteros Negros con sus risitas y demás seres dignos de reverencia.

Tomamos un pic-nic junto a un tranquilo grupo de Pinguinos de Magallanes. La vuelta fue contra viento y pequeño oleaje, haciendo gala de la potencia del motor.

Di un pequeño paseo por la calle principal del pueblo hasta la iglesia-faro Don Bosco, lo único animado que podía verse eran pequeños grupos de jóvenes deambulando en medio del  fuerte viento con nubes de polvo y algún que otro perro suelto. Me pregunto, que porvenir puede tener la juventud en pueblos monótonos y sin vida.

Por segunda vez, cenamos en el restaurante Puerto Cristal, esta noche nos tocó entrantes de pulpito a la vinagreta y redondo de ternera, como plato fuerte dos merluzas con salsa y papas españolas, tiramisú y una botella de vino blanco Patagonia 33, al precio con propina de 60 $.

El viento es muy fuerte y según windguru con rachas de 45 nudos.

El día lo clasifico de : “apoteósico espectáculo”.

Día 24. 21 de Diciembre 2011 (miércoles)

PUERTO DESEADO –  PUERTO MADRYN = 710 Km

Desperté a las 05:15 hrs. La luz que se refleja en los tejados de las casas del pueblo es de un color amarillo-naranja vivo.  El viento ha seguido y sigue rugiendo. Nos pasamos por la cabaña de Darwin Expeditions para hacer copias de las fotos que me faltaban sobre mis amigos los Pingüinos de Penacho Amarillo, pero no estaban. Les pediré copias por mail.

Comenzamos la singladura con fuerte viento de través, el paisaje con un horizonte sin límite y de flora baja estaba salpicado de vez en cuando por algún Guanaco despistado. Pasamos a la Ruta 3 y con rumbo norte. El tráfico de camiones y vehículos en ambos sentidos eran intensos. Para amenizar nuestra cabalgadura, comenzamos con un popurrí de canciones navideñas, propias de estos días. Aunque no supimos acabar completamente ninguna, recordamos las centurias pasadas. Frecuentemente nos íbamos abasteciendo de gasolina, ya que radio macuto, nos lo habían aconsejado especialmente en esta ruta.

Literalmente cruzamos el gran caos urbano de esta ciudad superpoblada de coches que es Comodoro Rivadavia. No existe circunvalación, todo es aquí te pillo, aquí te mato, como en las grandes ciudades. El Bala estuvo a punto de que un pedazo de carne con ojos lo arrollase, y encima el muy hijo de p.. protestó. Para colmo, las colas que habían para abastecerse en las gasolineras eran de cuidado, haciéndose más complicado cruzar esta selva de cemento. Definitivamente, odio las grandes urbes. Paramos en dos gasolineras ya en las afueras de la ciudad y, ambas, no tenían gasolina. Continuamos carretera norte y encontramos una de Petrobras que la estaban surtiendo un camión cisterna. Por supuesto con la correspondiente cola de usuarios. Aprovechamos el lapsus para comer un par de huevos fritos con pollo a la brasa y papas. Conocimos un grupo a cuatro motoqueros brasileños que bajaban a Ushuaia. Después de los correspondientes saludos fraternales, nos comunicamos las últimas noticias de la carretera, lugares para dormir y sobre todo abastecimiento de gasolina. Una vez rellenas las jorobas de nuestras cabalgaduras proseguimos rumbo norte.

Curiosamente Comodoro Rivadavia está considerada como la capital del petróleo, ya que en sus estribaciones vimos gran cantidad de artilugios bombeando el crudo de las entrañas, además de dos importantes refinerías que vimos y descarga en monoboya a buques petroleros. Otra nota curiosa es que haciendo tanto viento por esta inmensa pampa, tan solo hemos visto cuatro aéreo-generadores de los cuales, solo funcionaban dos. Paradoja total.

Las gasolineras que encontrábamos estaban desabastecidas y la gente esperando que llegase el camión cisterna, estas gasolineras eran de YPF (medio privadas – medio estatales), luego nos dijeron que los altos dignatarios son todos unos corruptos incluido el anterior y actual gobierno, y que existe una pugna interna para quedarse con el control de esta petrolera.

En un pequeño núcleo de carretera con gasolinera llamado Garayalde (nombre vasco), estaba sin surtir y los vehículos esperando las cisternas. Continuamos hacia el norte. Visto que nos quedaban unos 400 km para llegar a la siguiente ciudad con gasolina, y que si no encontrábamos nada teníamos que tirar de las reservas, no nos metimos por las pistas de ripio hacia la costa donde nos dijeron  nombres como Bahía Bustamante y Punta Tombo ambas alejadas de la carretera.

En Uzcúdum (nombre vasco) y que dicha Estancia perteneció y pertenece a la familia de Paulino Uzcúdum mítico boxeador, conocimos al nieto que regenta una gasolinera con productos de SHELL. Estuvimos hablando del abuelo, y el Bala que sabe de todo, le dijo algunos míticos nombres de boxeadores italianos y argentinos que lucharon con Paulino. Bueno, abastecido hasta las trancas del elixir, corrimos rumbo norte. Circundamos (menos mal) la ciudad de Trelew hacia nuestro destino del día de hoy, Puerto Madryn.

La carretera con un pavimento deteriorado y con surcos longitudinales además del rallado, hacía que tuviéramos mucho cuidado. La conducción era rápida y densa de tráfico. Guiados por el GPS llegamos a la calle principal que siempre es del antiguo presidente Roca, buscando un hotelito recomendado por nuestro amigo motoquero brasileño. Acabamos en uno muy céntrico llamado Yanco que significa Padre en lengua Tehuelche. Descargamos las monturas e hicimos contacto con la agencia de excursiones Ualán Tour, que también en Tehuelche significa Ballena. La encantadora propietaria  Isolda Zabalza también descendiente de vascos junto con Fernando, nos informó de todo y preparamos el día siguiente. Cenamos en el restaurante del hotel y, caí embrujado en lo que me depararía al día siguiente.

Los km que recorrimos fueron 710.

La jornada de hoy la clasifico como : “ventosa”.

Día 25. 22 de Diciembre 2011 (jueves)

PUERTO MADRYN – PUERTO MADRYN 

Desperté después de haber dormido de un tirón.

Un hermoso paseo soleado pero con fuerte viento de tierra por la avenida marítima y por sus calles, me recordó que todavía continuaba de vacaciones.

A eso de las 13:30 hrs, Fernando nos recogió para llevarnos al club de buceo Master Divers. Después de las correspondientes presentaciones y vestirnos con los respectivos trajes de buceo de 7 mm, cruzamos la orilla para embarcarnos hacia Punta Loba. La mar estaba tranquila debido a que el fuerte viento venía del oeste y atravesando los farallones de los cormoranes, fondeamos a una distancia permitida de la costa. Todos nuestros movimientos eran vigilados por la Guarda del Parque de Animales Marinos. Una pequeña charla sobre la inmersión y el comportamiento que deberíamos tener con estos Lobos Marinos acompañó seguidamente a la zambullida. La temperatura del agua debía rondar entre los 13 y 14 grados. Acompañado por el guía Matías nos sumergimos y fuimos hacia la costa alcanzando entre los 4 y 5 metros de profundidad. Nada más acomodarme al fondo, se produjo la explosión de sensaciones. Un grupo de unas cinco hembras se aproximaron bailando y demostrando su extrema agilidad en su medio. Todas ellas, muy curiosas se acercaron sin pudor hasta casi rozarnos. No podía creerme lo que me  estaba sucediendo, hasta con el regulador en la boca, exclamaba la felicidad que sentía. Me olvidé del tiempo y del espacio, y solamente permanecía quieto contemplando tan semejante felicidad. Los juegos, caricias, toqueteos, persecuciones y cabriolas se mezclaban a tan solo 30 cm de mi alma. Aparecieron grandes hembras preñadas y al menos dos grandes machos periféricos. Ingrávido, daba vueltas sobre mí mismo contemplando la algarabía de perfectos movimientos sincronizados y de vida. El guía iba filmando de vez en cuando lo presumidas que eran las hembras. Especialmente  una de ellas que venía constantemente a que la acariciara, se dejaba tocar y mimar.  El espectáculo era sencillamente encantador y sublime, nuevamente “apoteósico”.

El Bala se quedó asegurado de una boya haciendo snorkel. De regreso a la embarcación, nos trajimos a un grupo de Leonas Marinas que seguían jugando entre nosotros y, fue cuando el Bala también flipó al ver estos impresionantes seres juguetones acercarse y juguetear.

Para terminar el día fuimos a un popular restaurante, lo mejor fue brindar con una botella de vino blanco Alamos Chardonnay. La cena era para turistas que se creen todo y nos costó 300 pesos argentinos unos 75$.

Nuevamente con este entrañable contacto con la naturaleza es para ser clasificado como un día “extraordinario”.

Día 26. 23 de Diciembre 2011 (viernes)

PUERTO MADRYN – PUERTO PIRAMIDES  – PASO DE INDIOS = 589 km

Llevo despierto desde las 02:30 hrs debido a los petardos de algún inútil mental. Aprovecho la falta de sueño para mandar correos y poder adelantar la fecha de salida desde Osorno. Creo que debido a los movimientos de aletas, la rodilla me duele. Me he embadurnado con el ungüento de caballo y me he tragado a pelo una pastilla. Bueno, a ver si duermo un rato.

La mañana está parcialmente cubierta y sigue el aire fresco. Salimos de la urbe y ponemos rumbo norte. La carretera pavimentada es buena y el tráfico a estas horas no es denso. Cogemos el cruce hacia Península Valdés. El paisaje es un clásico de la pampa, infinitas extensiones llanas y matorral bajo, siempre con viento moderado a fuerte. Para entrar en este Parque Natural hay que pagar los reglamentarios 70 pesos por barba. Vemos las entradas de ciertas Estancias que se pierden en la lejanía. Una bajada nos lleva a una coqueta bahía de nombre Puerto Pirámides (como en casa). Esta pequeña población cuenta con 50 familias y todas dedicadas al turismo, ya sea en el ramo de la hostelería, como buceo, tiendas de suvenir y salidas a la mar. El lugar es hermoso y placentero con una elegante playa con marea es baja que invita a descalzarte y pasear hasta la pleamar. Damos un corto paseo por los pequeños acantilados donde se aprecian las etapas de los estratos marinos. Seguimos viaje ya que me entraban ganas de quedarme al menos un día.

Nota: fotografíe a mi «tatatarabuelo» un tal Gumersindo Paz que fue el primer colonizador de Península Valdés, ya sabía yo de que me viene tanta aventura.

En algunos tramos la carretera es hasta peligrosa por los surcos de envejecimiento del pavimento y porque a alguien se le ha ocurrido “fresar” (como dice un cartel) el viejo asfalto con un rastrillo gigante. Lógicamente no apto para motos.

Con las panzas llenas de carburante y las reservas de 20 litros, nos disponemos a cruzar toda la pampa del Chubut de este a oeste. No paramos a re–repostar ya que las colas son de horas, y las que vemos sin cola… no tienen combustible. Preguntamos y nos dicen que en las siguientes poblaciones no existe problema. Bueno, confiando en los lugareños, seguimos pa-lante.

El siguiente pueblo y conocido por su arquitectura y pastelería galesa es Gaiman. En la primera gasolinera nada más entrar al pueblo, nos dice que na-nai de la china. Seguimos por el pueblo casi vacío de gente y paramos en la que queda. Na-nai de la china y por supuesto, el siguiente, sin problemas.  Pasamos olímpicamente de los tataranietos galeses y seguimos rumbo oeste. Entre medias vemos los restos de una gasolinera, por supuesto sin mangueras. La cosa promete.

El siguiente pueblo es Dolavon y, tururú que te ví. Viendo las mangueras desconectadas y encima del surtidor nos reveló sin pensar mucho que na-nai de la china. Sin pensarlo dos veces y rezando al célebre Gauchito Gil (repartido por toda la geografía del país), seguimos rumbo oeste. Paramos a repostar los últimos 10 litros de la reserva y conectamos el piloto automático de los 90 – 100 km/hora, o sea, al mínimo consumo. En el cruce para visitar el Dique Florentino Ameghino, vemos, Oh Dios, una gasolinera… la pinta del lugar era tétrico. No había recibido combustible desde los años faraónicos. La propietaria de aspecto algo lúgubre no informó de que estábamos en medio de la nada. El Bala se comió una especie de torta de no se qué y se quedó tan pancho. Bueno, lo malo es que no podíamos visitar la famosa presa, ya que no podíamos gastar las reservas.

El monótono y árido paisaje de la pampa discurría sin decirme nada, salvo numerosos remolinos de viento y arena que nos hacía presagiar nada bueno. De pronto, el paisaje cambió al bordear el Río Chubut. La carretera bajaba en forma de curvas y vimos árboles, Oh Dios, vegetación y una GASOLINERAAAAA,  por los micros dimos vítores de alegría ya que andábamos con lo justito de combustible a la gasolinera de un pequeño pueblo llamado Las Plumas, tararí que te ví. Aplicamos el plan “B” consistente en rellenar hasta la última gota el tanque del Bala para seguir al galope y hacer 105 km de una tacada para traerme las petacas llenas, recargar y salir del pueblo, siempre rumbo oeste. Bueno, este plan no funcionó y menos mal, ya que el marcador del famoso range no marcaba los km que podía hacer con las gotas de relleno que teníamos. El Bala listo como el hambre y viendo que se quedaría tirao en medio de la carretera y yo tirao en la gasolinera, optó por regresar y aplicar el plan “C”. Este consistía en buscar un parroquiano que nos pudiera vender el elixir del caminante. Mientras el Bala buscaba a tal paisano, a to kiski aldeano que se presentaba en la gasolinera le lloraba en la situación que nos encontrábamos. Creo que me decían, muchacho, la aventura es la aventura, prepárate para comer piedras. Al cabo del rato el Bala trajo la solución y con lo justito en los tanques, nos propusimos hacer el siguiente asalto hasta la gasolinera de Los Altares a unos 90 km. Otro lugar recomendado que nos perdimos era las pinturas rupestres de Piedra Calada a unos 15 km de ripio. El reloj marcaba las 19:00 hrs y no queríamos quedarnos en este triste lugar.

Arrancamos las monturas y pusimos rumbo oeste, siempre al oeste como los vaqueros. El paisaje cambió de forma radical y todo gracias a la vida del Río Chubut con sus magníficos meandros rodeados de altas cumbres de areniscas. El paisaje parecía al Cañón del Colorado pero en pequeño. Realmente hermoso después de haber atravesado parte de la pampa.

Dormimos en un poblado llamado Paso de Indios, el nombre en si me pareció espectacular. Nos metimos en el pueblo y vimos Hospedaje Dormilón, al principio parecía algo cutre como en muchos que vimos. El precio 120 pesos cada habitación (30$), super limpio y espacioso. Cenamos estupendamente bien en el restaurante de la gasolinera llamado San Nicolás por unos 150 pesos (38$). La gasolinera y el restaurante estaban regentados por descendientes de galeses ya que la mayoría son de pelo y ojos claros.

Los km que recorrimos este día fueron 589.

La anécdota de la jornada la clasifico como : “tiraos en la nada”.

Día 27. 24 de Diciembre 2011 (sábado)

PASO DE INDIOS – ESQUEL = 258 km

Amaneció un día brillante con una luz radiante, y después de un buen desayuno en el restaurante de la gasolinera partimos rumbo oeste. Nuevamente las extensiones kilométricas de la pampa, pero con la salvedad de que en la lejanía podíamos ver las Estancias, y casi todas ellas estaban refugiadas entre altos y frondosos árboles. Lógicamente estos árboles tuvieron que ser plantados allá por el año 1850 en la época álgida de los colonos con la ilusión de verse rodeados de un verde como lo que dejaron en sus países, ya que no son normales que en medio de la absoluta aridez esteparia ver mini-bosques rondando grandes casonas.

Estas casonas o Estancias las hay de todo tipo, algunas con solo ver los letreros de las entradas a los caminos son ostentosas y otras en franco deterioro y de haber pasado mejores tiempos. Kilómetro a kilómetro la aridez de la pampa dejaba paso al pasto verde viéndose rebaños de ovejas, caballos y vacas, y como por arte de magia en plena curva, vimos aparecer en el horizonte la hermosa y magna Cordillera de los Andes.

La estepa dio paso a hermosos y frondosos bosques con olor a pinos, y así llegamos calurosamente a Esquel. Después de dar la oportuna vuelta al pueblo a golpe de vista, dimos con la Hospedería El Arrayán. El precio por habitación era de 120 pesos y los cuartos no estaban mal del todo. En medio del fuerte calor, dimos un paseo para comer algo.

La sorpresa fue que todos los restaurantes estaban cerrados y en vista de la situación para la conmemoración de los 25 años del “Espíritu de Aflou” decidimos comprar la cena-fría.

Nos comimos unos sándwiches para matar el gusanillo. Por la tarde y con menos calor recorrimos el pueblo. Prácticamente la gente estarían en sus casas ya que no se veía movimiento. Es de destacar la bonita arquitectura del 90% de las casas con combinación entre la madera y la piedra. Los verdes y bien cuidados jardines de las casas con sus flores revelaban que sus dueños (casi todos medio rubios) son en su mayoría descendientes de lituanos y galeses.

Llegado la hora de la cena, preparamos la mesa engalanada con el siguiente menú:

1º Entradas

  • Ensalada de la huerta Andina con zanahorias, remolacha y churrut del alto Esquel, sazonado con aceite, vinagre y sal
  • Bolitas de pan rellenas con queso de oveja de la primera crianza
  • Auténtico y genuino Chorizo Ibérico (proporcionado por el Bala)
  • Patatas fritas onduladas a la leña

2º Platos de Picoteos

  • Ensalada rusa de la Cordillera Andina
  • Lengua de ternera joven a la salsa vinagreta (solo para el Bala)
  • Redondo de pollo a la tuti-fua

3º Postres

  • Tableta del auténtico Turrón de Xixona (abastecido por el Bala)
  • Pudin de bizcocho de la casa que lo fabricó

4º Bebidas

  • Vino tinto de Reserva de la Bodega Los Lobos (abastecido por el Club de Motoqueros Los Lobos)
  • Cervezas artesanas de Ushuaia (abastecido por Gato Gurruchet, guía de trineos)

Hacia la media noche, junto con Azucena y Jorge, una pareja de argentinos también huéspedes de la Hospedería brindamos la Noche Buena con una copa de sidra. Nos contaron sus vidas  hasta la madrugada y, nos quedamos fritos.

Nota: vaya marcha y juerga que nos dimos ¡¡¡¡

Día 28. 25 de Diciembre 2011 (domingo)

ESQUEL – TREVELIN  – PARQUE DE LOS ALERCES – CHOLILA – EPUYÉN – EL BOLSÓN   = 283 km

Amanecí con un poco de resaca de la juerga y del vino fuerte de Los Lobos. La mañana radiaba de luz y calor. Estuvimos esperando que los dueños de la Hostería terminasen sus rezos para arrancar las motos y descubrir nuevo mundo.

Las gasolineras seguían desabastecidas y la que no, cola que te crió. Las caravanas de coches partiendo de la ciudad se sucedían y todos apuntaban hacia los montes para pasar la jornada en el campo.

Visitamos Trevelin sin bajarnos de las motos. El pueblito era muy bonito con sus casitas de madera como los cuentos. Bueno, todo muy bonito pero necesitábamos ver otra cosa, la Naturaleza. Nos dejamos de tonterías y pusimos rumbo al Parque Nacional de los Alerces. La caravana de domingueros era densa y to-quisqui adelantando a la canción de marica-el-último. Pagamos peaje, como no, para recorrer el parque. Visitamos la casa del guarda y nos informamos del recorrido.

Sin pensarlo dos veces y con las panzas llenas de combustible, nos metimos por le cayiou y después de dejar a la muchedumbre con sus ruidos y barbacoas probamos los primeros metros de ripio a ver como se comportaba mi moto, ya que la horquilla delantera estaba reventada y perdía aceite, además de tener los neumáticos gastados y con grietas.

Siguiendo la huellas del Bala y con polvo en el camino, fuimos haciendo kilómetros hasta dejar la chusma. Bordeamos grandes lagos como son el Futalaufquen, el lago Menéndez, el lago Rivadavia. Jamás he visto unas aguas tan cristalinas como la de estos lagos. Lo curioso que siendo parque nacional permitan que los cafres utilicen lanchas a motor por estas inmaculadas aguas.

El calor se tornó insoportable llegamos a los 31º. Visto lo hermoso del entorno, decidimos buscar alojamiento para quedarnos, alquilar unas canoas y recorrer lagos. Como era festivo, la chusma habían invadido todo, y no habían cabañas para alquilar. Seguimos rumbo norte en medio del cayiou y del polvo hasta un pueblo fantasma llamado Cholila. Cargamos las panzas de combustible y refrescamos nuestros bodys con toda clase de refrescos fríos, dulces y ricos. Nos tiramos una hora dando vueltas por el pueblo para conseguir alojamiento, aparte de que no había ni Dios por sus calles, todo estaba cerrado y el disco solar apretando sobre nuestras calvas, decidimos salir pitando de aquí. Recorrimos unos 10 km de ripio y llegamos a la goudroné. Circulamos rumbo norte hasta el siguiente pueblo llamado Epuyén.

Todo prometía, un hospedaje junto al lago del mismo nombre, ducha refrescante, canoas, buena comida…… ná de ná. El tal hospedaje de una giri estaba completo, y en los otros dos, no había nadie, o sea, todo abierto pero nadie para atendernos. Cabreados, nos fuimos cansados hasta el próximo pueblo, a ver si alguien respiraba.

De esta forma llegamos a el Bolsón, pueblo animado. Buscamos un hotelito con wifi, y en el primero nos quedamos. El hotel se llama Amancay y por 170 pesos por barba, decidimos dejar que nuestros cuerpos descansaran.

Degustamos unas carnes de bife regado con cerveza artesana “la Araucana”.

El recorrido de hoy ha sido de 283 km

La jornada la clasifico de : “mucho caló”.

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