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Argelia en Honda XL200.

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Transcripción del artículo publicado en la Revista Moto Verde. Febrero 1988. Numero 115 (descargar)

Argelia en moto. Mejor que en bici.

Eduardo Balaguer y Domingo Paz. Dos amigos. Primero se les ocurre la descabellada idea de llegar hasta Tamanrasset en bicicleta. Luego se lo piensan mejor. En moto, dicen. Entran en una tienda y adquieren un par de Hondas XL200. Jamás han conducido nada parecido. Ni siquiera tienen carnet. El “paseo” que pretenden dar por Argelia se va a convertir para ellos en una aventura a todos los niveles. Esta es la historia.

La preparación de las motos fue un poco improvisada y hasta el último día estuvimos soldando protecciones, transportines y demás inventos para acoplar depósitos de agua y gasolina.

Fijamos una fecha nos lanzamos. Íbamos asustados de la cantidad de bártulos que teníamos que transportar, sobre todo repuestos. La información de que dispusimos se remitió a artículos de prensa, revistas y libros, y a la ayuda que nos brindó Esteban, mecánico de Moto Algeciras, dándonos unas clases rápidas de mecánica.

Fuimos a Málaga para tomar el ferry hacia Melilla en lugar de cruzar directamente a Ceuta desde Algeciras. Así nos evitamos pasar por la carretera de Ketama, zona de gran cultivo de Hachis, donde tienes que detenerte por las buenas o por las malas para comprar su preciada mercancía.

Tras ocho horas de barco llegamos a Melilla y luego en la frontera marroquí tuvimos que esperar casi tres horas más a que nos preparasen la carta verde. Se hizo de noche y entramos en Oujda un poco helados.

Pasaporte y profesión

La siguiente etapa hasta Figuig, para cruzar la frontera, fue muy dura por el frío la niebla. A mitad de camino, en Benimathar, tuvimos que parar a calentarnos un poco en un destartalado bar donde la pobreza se hacía notar (en sus paredes y en las caras de la gente nos miraba asombrada). Encontramos numerosos controles en toda la carretera y la misma pregunta se repetía hasta el final: ¿pasaporte?, ¿profesión?

Cruzamos la pista central y entramos en Argelia. Allí todo el servicio aduanero estaba cenando, por lo que hubo que esperar a que hicieran la digestión. Rellenamos todo tipo de formalidades, declaramos las divisas, incluso Domingo tuvo que mostrarles los bolsillos para evitar cometer la falta grave de introducir dinero sin declarar. Pusimos cara de niño buenos y nos creyeron. Así pisamos Beni-Ounif, ciudad tranquila y militarizada, donde tuvimos que cambiar obligatoriamente dinero en el barco al precio oficial. Lo del carnet de estudiante no coló.

Salimos disparados en busca de no sabemos qué. Pistas, imagino, pero aún tardaremos pisarlas. El asfalto es de primera calidad y vamos a lo que da la moto. En este plan llegamos a Taghit, donde nos asombramos al subir una pendiente y ver la primera duna del desierto como si quisiera tragarse al pequeño pueblo rodeado por un gran palmeral. Aquí nos encontramos a dos ingleses sobre sendas Honda 500 que pretenden llegar a Beni-Ounif a través de pistas para nosotros desconocidas.

Era la época de la recogida del dátil y allí había hombres, mujeres y niños en plena labor.

Tomamos otra vez la carretera y buscamos sitio para dormir, aunque en realidad no había que buscar porque estaba todo desierto. Según fuimos avanzando divisamos un pequeño árbol solitario y nos quedamos para hacerle compañía tratando de sonsacarle alguna historia alucinante de aquel inhóspito paraje, mientras preparamos algo de cenar. Como no nos hacia ni caso, nos echamos a dormir.

Macarrones

Nos levantamos al amanecer, preparamos un fueguecillo con matojos y cagarrutas de camello para calentarnos y hacer el desayuno, y de pronto recibimos la visita inesperada de unos camellos te iban siguiendo la carretera sin que nadie los guiara.

Salimos hacia Beni-Abbes, creyendo que al ser éste un pueblo grande, habría algún sitio donde comer bien, pero nos tuvimos que conformar con una especie de macarrones en un pequeño bar que se caía viejo.

Más de una vez nos lamentamos de haber olvidado la guía del Sáhara, pues en ella vienen indicados lugares que merecen ser visitados y que nosotros pasaremos de largo, como Timimoun y otros muchos.

Casi siempre dormíamos al raso, Y por regla general comiamos una vez al día cuando llegaba la tarde, en algún pueblo por donde pasábamos. Luego hacíamos unos kilómetros para poder dormir en un sitio tranquilo, no cercano la carretera, pues había noches en las que el tráfico de camiones que era incesante.

En una ocasión tomamos un pequeño camino que sabe entraba en una oued (cauce seco de un río) en dirección a unas dunas que nos parecían perfectas para pasar la noche. Cuando nos dimos cuenta ya había oscurecido y las dunas aún quedaban lejos, así que acampamos allí mismo. Entonces nos asaltó el pensamiento de lo que ocurriría si de pronto empezase a llover.

-no puede ser, hace buena noche.

-Y además aquí no llueve.

-¿no llueve? Y entonces, ¿como se ha formado este inmenso oued donde estamos metidos?…

Ciertamente, en caso de lluvia, en unos minutos podíamos tener el agua al cuello, así que preparamos todo para poder salir a la desesperada en caso de que se nublara el cielo o notáramos una chispa de agua.

Fue una noche muy tranquila.

Llegamos a Adrar, encontrando muchos oasis por el camino y muchos montículos de piedras por los que se accedía a unas galerías de conducción de agua (Foggaras) que surten a los propios oasis.

Ya estábamos cerca de Regane, pueblo donde hace años se realizaron pruebas nucleares. Las motos van perfectamente y no hemos tenido ningún problema después de 1500 km. El consumo medio de gasolina ha sido de unos 3,7 l por 100 km. Con todo el peso de la carga y las cabalgadas a tope en las largas rectas nos parece un buen promedio.

Pata de camello

Dormimos en un pequeño pueblo oasis a la salida de Reggane, en la carretera del Tanezrouft después de haber hablado con un curtido aventurero italiano, de unos 50 años que nos miró sorprendido cuando paramos nuestras monturas al lado de la suya, una XL 600 con un enorme depósito de 45 l y cuyo único equipaje consistía es una seca y escuálida pata de camello.

-¿de dónde vienes? -le preguntamos.

– De Bordi-Moktar.

-¿pero así, con la pata de camello nada más?

-pues nosotros vamos a Tamanrasset.

-¿así? Imposible.

-bueno, no tenemos prisa.

-muchas cosas, mucho peso.

Él había salido Italia con dos amigos más, igual de cargado que nosotros, pero tuvo que dejando cosas por el camino y lo último que le quedaba lo traía un coche te iba haciendo la misma ruta. Así había podido hacer 15.000 km en un mes, Y la última etapa, de 640 km, la había cubierto en nueve horas.

Salimos en dirección a In-Salah llevando un bidón de reserva.

Primero nos equivocamos de desvío y tomamos uno en el que una tormenta de arena nos hacía ir muy despacio. Al ver en el mapa nuestro error, dimos la vuelta hasta llegar al cruce donde por arte de magia la tormenta se desvanecía Como indicando que ya estábamos en el “buen camino”.

Comenzamos a rodar sobre la tierra dura al momento se transformó en suelo ondulado. Nos lanzamos como guerreros poseídos por el ansia de vencer al desierto. Después de irnos al suelo los dos pilotos y romper un cuentakilómetros, ya, con los ánimos más tranquilos, seguimos camino, pasando por algunas huertas con agua abundante.

¿Por dónde?

Todo está lleno de rodadas y no se ve un camino definido, así que seguimos un rumbo cualquiera y vamos dando bandazos según vemos algún coche circulando 200 m a la izquierda o 300 a la derecha. A todo esto, las caídas se suceden Y nos es muy difícil controlar la moto en los arenales, sobre todo por el peso. Los nervios se empiezan a ver afectados cuando la moto Domingo le dejan de entrar las marchas. La revisamos y vemos que lo más seguro es que se hayan quemado los discos de embrague. Está oscureciendo. Decidimos montar la tienda y esperar a mañana para tomar una decisión.

Nos levantamos temprano y aguardamos un par de horas por si pasa algún camión que nos lleve la moto a un sitio más civilizado donde arreglarla.

Nuestras súplicas no tardan en ser escuchadas y al poco rato aparece un camión argelino para dispuesto a socorrernos. Nos sorprende ver en él a un caminante tunecino que iba recorriendo el país con un simple peine en el bolsillo y que nos había pedido agua unos días antes a la salida de un pueblo. Más tarde se haría muy amigo de Domingo. Hacemos la moto al camión y respiramos aliviados. Pero poco dura el alivio, pues a los 100 m el camión cae atrapado en la arena Y no informa sacarlo. No queda más remedio que ir con la otra moto hasta In-Ghar para buscar un bulldozer de una empresa constructora allí situada. Luego ya no hubo más problemas hasta llegar a In-Salah, donde lo celebramos con unas cervezas sin gas y una suculenta cena en el camping.

Manos a la obra. Dejar en condiciones la moto de Domingo fue una tarea chinos que nos detuvo durante dos días. Debido al traqueteo del camión se rompieron la maneta de freno y el soporte del arranque. También se derramó el líquido de la batería, agujereando todo lo que pillaba, aunque el mayor problema iba a ser el cambiar los discos de embrague. Repuesto teníamos, pero hacía falta una llave especial para quitarlos. Recibimos ayuda de todos los aventureros del camping, pero la maldita tuerca no salía. Así que, como dijo el profeta, “Si te falta una maldita herramienta, fabrícala!!!”. Y eso hicimos, con un tubo de hierro, una lima y mucha paciencia, hasta que por fin salió la tuerca.

Allí conocimos también al jefe de expedición de un camión de trekking inglés que había recorrido toda África y se ofreció para llevarnos hasta Algeciras todo el material que no necesitáramos. Nos deshicimos de casi todo. Cubiertas, ropa…, hasta un amortiguador. Esto ya era otra cosa. Así pudimos afrontar de mejor manera las pistas que nos conducirían a Tamanrasset, a donde quedamos sin ningún problema importante.

En el camping

Nada más llegar a Tamanrasset nuestra atención se fija en los pequeños restaurantes y en las caravanas de tuaregs que han cambiado los camellos por Nissan y Toyotas.

Nos acomodamos en un estupendo camping a nuestras anchas y nos encontramos con algunos de los amigos que habíamos hecho en etapas anteriores. Se brindan nuevamente a dejarnos lo que haga falta para poner al día las motos, pues con las herramientas de la Srta Pepis que las Honda 200 trae de fábrica no puedes arreglar ni una bicicleta. Por cierto, allí se encontraba un francés que había llegado en una él solito.

Nos tomamos unos días tranquilos visitando Tam, mandando postales a los amigos y pensando cual sería nuestro próximo itinerario. En esto conocemos a dos franceses que piensan llegar a Niamey y vender las motos a un precio mucho mayor que el de la compra. “ya está, nos vamos a Níger con ellos. Vendemos allí las motos y nos volvemos en avión”. Empezamos a preparar todo. Domingo se tiene que poner la vacuna del cólera al módico precio de 90 dn. Las cosas se empiezan a complicar, y es necesario también estár vacunado contra la fiebre amarilla para conseguir el visado. Además, en caso de no poder vender las motos no tendríamos tiempo de llegar a España, pues deberíamos comenzar a trabajar y ya no quedaban muchos días. Así pues, cambiamos de planes y nos planteamos emprender el camino de vuelta, pero ahora pasando por Djanet.

Antes de esto, nos recorremos el circuito del Assek-rem y dormimos en un refugio llevado por un curioso rastafari argelino, llamado Didín, que habla un perfecto español. Pensamos en subir a la ermita del padre Foucauld al amanecer y hacer unas fotos en aquellas increíbles montañas, pero toda una noche de charla con el “rasta” y sus amigos nos lo impidió. Sufrimos también las consecuencias de llevar una bomba defectuosa, pues al pinchar y no dar suficiente presión, se rompe la cámara por la parte de la válvula, quedándonos tirados a 70 km de Tam. Nos echamos a dormir y Alá dirá. Por la mañana muy temprano sale Domingo en busca de cámaras nuevas.

Cánticos

Me despierto al oír cantar a alguien. Son mujeres de una aldea cercana recogiendo leña, que se quedan calladas en cuanto me descubren aquí metido dentro un saco. Comentan algo entre ellas y se ríen. Me levanto y procedo a prepararme el desayuno a base de dos sobres de proteínas en polvo (Gevral) a palo seco, pues ya no nos queda agua, ni pan, ni dátiles, la base de nuestro sustento diario. Tras este super desayuno procedo a echarme una siesta la sombra de la moto para hacer la digestión, mientras espero a que el Séptimo de Caballería me venga a rescatar. Ya estaba casi bebiéndome el aceite del cárter cuando a lo lejos diviso una polvareda. Ahí estaba Domingo, cabalgando sobre sus 14 caballos y con la solución en las manos. No había conseguido cámaras nuevas pero la habían reparado las rotas, eso sí, con válvulas de bicicleta, porque en Tam no se encuentra otra cosa. Algo es algo. Las estamos montando, cuando pasan dos Yamaha a toda pastilla y ni se detienen. Una vez que ya está todo listo nos ponemos en marcha. Atravesamos un oued muy arenoso practicando hasta la saciedad Como hay que caerse de la moto, cuando nos encontramos de frente a uno de los de las Yamaha buscando a su compañero. Tras decirle que no le hemos visto, prosigue su camino y nosotros descansamos un rato. A los cinco minutos vemos al amigo perdido, cruzando por una pista transversal. Vaya par de tontos, pensamos. Aparece el primero otra vez y le damos la dirección que tomó su acompañante mientras nos preparamos para seguir. Nos quedarían unos 20 km para llegar a Tam cuando nos los encontramos de nuevo, dudando qué camino tomar, pues había pistas que se cruzaban entre sí constantemente. Domingo en un alarde sentido de la orientación, indica la dirección correcta y salimos los cuatro disparados. Esta fue la ocasión en la que más fuerte rodamos sobre arena. Los pelos se te ponían de punta, sobretodo en aquellos tramos en los que, por el paso de los camiones, había surcos de casi 1 m de profundidad. No es por nada, pero al asfalto llegamos nosotros primero. Djanet nos esperaba.

Hasta los topes

El principal problema de este recorrido es la gasolina. Con los 27 l de que disponemos en el depósito y el bidón no hay suficiente. Conseguimos dos recipientes de 20, Y con estos 47 l cada uno pensamos poder hacer 780 km. A todo esto había que sumar 12 l de agua y todo el equipaje, con lo que el peso era suficiente como para que nos miráramos aterrados cuando todo estuvo cargado. Hasta se nos pasó por la cabeza olvidar este trayecto y volver por In-Salah, pero en el desvió se impuso el corazón a la cabeza y llegamos a Hirafok después de dejar atrás casi 100 km de suelo ondulado.

Nos equivocamos de pista cogiendo una que va al Assek-rem. Domingo, como buen navegante, se da cuenta y volvemos al pueblo para rectificar. Allí caemos, primero uno y luego otro, en una acequia.

Se está haciendo de noche debemos parar. Dormimos al raso protegidos por unas rocas y el termómetro marca un grado. Por la mañana, en Ideles, hacemos acopio de galletas y latas de sardinas, lo único que hay, y pasamos por el puesto de policía para comunicarles la dirección que llevamos y mostrarles la autorización que previamente hemos sacado en Tam.

La pista de salida es muy pedregosa. Luego empieza la arena más o menos dura, donde se puede ir muy deprisa pero fijándose mucho en el suelo si no quieres volar.

La pista central Sur está señalizada cada 5 km, pero es mejor coger las laterales para evitar el suelo ondulado. Los momentos más temidos venían cuando nos encontramos con grandes arenales donde sabíamos que íbamos a caer. Siempre deberíamos robar muy juntos, Pues era imposible para uno solo levantar la moto. Echamos en falta una buena preparación física previa. Llegamos al Serouenout, un pequeño fortín abandonado, bastante sucio, pero nos sirve para orientarnos, descansar un rato y seguir hasta un punto en el que tenemos que sacar la brújula porque ya no sabemos dónde estamos. Nos dirigimos hacia las montañas del Tassili N’Ajjer, Y un poco temerosos nos lanzamos desierto a través con la seguridad de que encontraremos la pista original. En 10 o 15 km damos con ella y respiramos aliviados. Estamos muy cerca de Zaouatallaz y hay un viento muy fuerte. Intentamos encontrar un sitio recogido para dormir pero no es posible. Montamos la tienda y desechamos la idea de calentar nuestro té de todas las noches. Además ya no hay pan ni dátiles y nos hallamos muy cansados. Las motos están un tanto achacosas Y tememos que nos den algún susto. Nos planteamos el no llegar a Djanet, pues sería más de 300 km de pista, y seguir hacia Illizi, lugar donde comienza otra vez el asfalto. Con estos pensamientos nos dormimos. Al día siguiente, por fin, nos cruzamos, después de varias jornadas sin ver a nadie, con dos motos que van haciendo el mismo camino pera la inversa.

¿Llegaremos?

De repente empezamos a divisar las pequeñas zeribas (chozas) de un pueblo. Informamos a la policía de nuestra llegada y nos tomamos unos tés en un pequeño bar. Antes de partir comprobamos el gasto de combustible. Nos quedan unos 16 l a cada uno Y 270 km por recorrer. Justo para llegar, después de ver que hemos gastado unos 5,5 l/100km. Nos ponemos en marcha. A los pocos kilómetros comenzamos a ascender por unas pendientes que atraviesan el Tasilli N’Ajer y cuyas panorámicas son impresionante. Nos adentramos en la meseta de Fadnoun, donde frío se hace notar. Todo camino es de piedra y, en ocasiones parece que estamos subiendo y bajando escaleras. La velocidad media ronda los 20 km/h.

Ya sobre asfalto llegamos de un tirón a In-Amenas, pueblo de trabajadores de los pozos petrolíferos, y a Bel Guebour al día siguiente, pero por poco no lo conseguimos, pues nos quedamos tirados por no haber calculado bien el consumo de gasolina, te subió mucho debido al fuerte viento en contra. Menos mal que unos argelinos pararon y nos dieron unos litros de su propio coche sin querer aceptar nada cambio. Esta carretera es un tanto peligrosa por los baches que aparecen de repente queriendo hincar el diente las llantas. Hasta Ouargla el viaje se hace imposible aburrido y ya no sabes cómo sentarte para no dormirte. Este pueblo es muy animado, con muchos cafés y gente en las calles. En algunos puestos te venden rosas del desierto de todos los tamaños y muy baratas. Llegamos a Ghardaia de noche. Allí, jornada de descanso, de la ciudad y reparar las motos (una no se ponía en marcha). Aprovechamos para comprar unas gafas, pues veníamos “ciegos”.

Hielo

Seguimos hacia Norte, y una intensa lluvia, que pronto se volvería granizo, nos obligó a ir despacio. Encontramos un café en la carretera con una gran estufa Y pudimos calentarnos y secarnos un poco. Allí vendimos todo lo que ya no necesitábamos y continuamos camino hasta que ya el granizo se hizo nieve, y la nieve, hielo. Estábamos cruzando el Atlas y el frío era insoportable. Pudimos llegar a un pequeño pueblo llamado Aflou, donde no quedó más remedio que buscar un hotel y esperar. Tuvimos suerte de encontrar habitación. Por la mañana nos preparamos para largarnos a tierras más cálidas, pero nada. Una moto no arranca y además todo es hielo.

Nos vamos a la gasolinera para intentar el truco de echar las motos a un camión y tampoco: la mayoría van cargados y el parte dice que las carreteras están cortadas. Nos volvemos al hotel dispuestos a pasar otra noche mientras pensamos alguna solución. No queda más remedio que llamar al ángel de la guarda.

Calderilla

  • ¿Es Mondial Assistance?
  • Sí, aquí es.
  • Oye, nos hemos quedado tirados.
  • No os preocupéis os mando un camión.

Menos mal. El presupuesto ya se había acabado y tenemos que recurrir a la calderilla para pagar el hotel la misma mañana en que llegó la furgoneta y nos llevó hasta Orán. Allí nos esperaba un mecánico que revisó las motos y al final nos tuvieron que dejar dinero para poder llegar a la frontera, cosa que agradecimos enormemente. Ya en Oujada fuimos al mismo hotel que la vez anterior, Y por la mañana, cuando paramos en Berkane a echar gasolina, nos dimos cuenta de que con las prisas habíamos olvidado los pasaportes en el hotel. Vuelta atrás y, después de mucho agobio, por fin cogemos el barco. Una tranquila travesía y llegamos a Málaga. Habían sido 6000 km con muchos revolcones y buenos momentos que no a mucho tardar queremos repetir. Esperamos encontrarnos con algunos de vosotros en alguna pista perdida…

Accesorios y repuestos:

  • Defensas depósito y motor
  • Protector faro
  • Portabidones
  • Juego discos de embrague
  • Juntas
  • Filtro de aire
  • Cámaras
  • Parches y desmontables
  • Bomba de aire
  • Herramientas en condiciones
  • Mucha paciencia. No pesa nada y el resultado está garantizado.

Fotografía:

  • Cámara réflex
  • Filtro polarizador
  • Muchos.

Documentación:

  • Pasaporte
  • Carnet Internacional Conducir (se consigue en el RACE por 2.000 ptas válido para un Carta verde marroquí (2 días, 39dh. 30 días, 179 Dh)
  • Carta verde argelina (5 días, 20Dn. 30 días, 40 Dn)
  • Guía del Sáhara
  • Mapa Michelín 953

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