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Cabo Norte. Navegando del Sur al Norte en Harley.

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Transcripción del artículo publicado en la revista Custom Machines en el número 41 del año 2010 (descargar)

Cabo Norte. Navegando del Sur al Norte en Harley

Este viaje nació el pasado mes de noviembre del 99, cuando estuve en Narvik (Noruega) realizando un trabajo. Al término de éste, me quedé aislado, ya que la pista del pequeño aeropuerto estaba impracticable para aterrizar el aeroplano que me llevaría en sucesivas escalas hasta Oslo…

Pues bien, tuve que alquilar un coche con clavos en las ruedas para llegar al siguiente aeropuerto de mayor categoría. Durante el desplazamiento y con la carretera completamente blanca, y señalada a ambos lados con estacas de colores donde te limitaba los extremos de la misma, iba contemplando el hermoso paisaje cubierto de un hermoso manto blanco, donde se sucedían las cataratas heladas, los frondosos y sanos árboles de hoja perenne y los bosques de hoja caduca, todos ellos semi-cubiertos de esponjosa nieve.

Me quedé cautivado por la soledad del paisaje, tan distinto y limpio, y el derroche de naturaleza viva. Mientras conducía, más relajado que los primeros kilómetros, absorvía lentamente cada instante de luz, de verdor, de blancura, y de torrentes de agua donde me encontraba inmerso. Entonces soñé cruzar todos estos hermosos paisajes en verano, y por supuesto en moto, en mi Harley 883.

La preparación del viaje no me resultó complicada, el equipo básico ya lo tenía de otros años viajando en moto por Argelia. Mis amigos de Noruega me proporcionaron mapas de carreteras actualizados (Suecia, Noruega y Finlandia). En cuanto a la moto, conté con la inestimable ayuda de “Pepote” y de “Nano” mecánicos de Twin Machine de Algeciras, quienes revisaron, pusieron a punto, y me enseñaron pequeños trucos de reparación.

La idea era llegar al límite norte “Cabo Norte”, desde el extremo sur de Europa, Tarifa, que es donde vivo, sin determinar la ruta a seguir.

Día 1 (sábado, 17 de junio)

Con “Leo”, amigo motero holandés que acababa de llegar de Marruecos cruzándose media Europa con su moto rusa M72 de 750cc y del año 1983. Nos fuimos a desayunar al café Central en Tarifa para luego hacernos unas fotos junto al monumento del puerto en este extremo sur, siendo latitud N36º 00’ 36”. Con fuerte viento de levante (como es normal) me despedí de Pepote, Nano y Pedro, mi vecino “Harlista” hasta las venas. Leo se quedó por el sur. Puse rumbo al norte por la costa hasta parar cerca de Valencia, Marenyblau, donde quedé con mi amigo de viajes y aventuras Eduardo, esta vez no me pudo acompañar por no coincidir las vacaciones. Esta primera etapa ha transcurrido normal, fuerte viento racheado de levante, y mucho calor.

Recorrido: Tarifa- Marenyblau (Valencia)

Total km: 802,6 km

Consumo medio: 7l/100 km

Velocidad media: 140 km/h

Día 2 (Domingo 18 de junio)

Después de una noche de cena, tertulias y buena compañía, desperté tarde, dejando con morriña a mis amigos, y con rumbo al norte costeaba Mediterráneo. Como era fin de semana y ante la avalancha de coches que se dirigían al frescor de las playas, decidí coger autopista hasta la frontera. La moto navega de maravilla, sigue el viento racheado de levante, y calor.

Recorrido: Marenyblau (Valencia)- La Junquera

Total km: 547,10 km

Consumo total: 38,3 l

Consumo medio: 7l/100 km

Velocidad media: 139 km/h

Coste autopista: Alicante-La Junquera: 6.338 ptas

Día 3 (Lunes 19 de junio)

Me adentré en Francia cruzando la masa boscosa de los Pirineos. Seguí por autopistas rumbo noroeste. Hacia el mediodía el calor era agobiante, Y varié de rumbo hasta las montañas para coger más fresco, transcurriendo la singladura entre árboles y más cómodo.

Al igual que las dos etapas anteriores, cada 170 km repostaba y estiraba las piernas. La velocidad media es de 139 km/h, y según navego voy acoplando mejor los bártulos en la moto, sintiéndome mas cómodo. El tiempo es bueno, hace calor y tengo viento flojo del sureste, todo perfecto. Las autopistas francesas son excelentes, cada ciertos kilómetros existen parkings con aseos limpios y cuidados. El tránsito de camiones españoles es constante.

Recorrido: La Junquera-Colmar (Francia)

Total km: 901,5 km

Consumo total: 58,6 l

Consumo medio: 6,5l/100 km

Velocidad media: 139 km/h

Coste autopista: La Junquera-Mulhouse: 3.492 ptas

Día 4 (Martes 20 de junio)

A sugerencia de un motero, desvié la ruta hacia Estrasburgo por una carretera paralela al río Rhin, atravesando pequeños pueblos inmaculados de la Alsacia, dónde me abastecí de fruta fresca en pequeños mercadillos. Crucé a Alemania por Offenburg, poniendo rumbo al norte. La circulación es caótica, nunca he visto total cantidad de camiones en ruta, que por cierto van a toda pastilla. Las confluencias a las grandes ciudades eran un verdadero caos, Y si lo sumamos a las obras de mejora que estaban realizando, los atascos de coches y camiones parados son kilométricos. La gran ventaja de una moto es esa, no existen atascos. Vi que en Alemania hay una gran afición por las motos. En general, por parte los conductores de coche, existe una muy buena educación vial hacia los motoristas. El día ha sido caluroso, he navegado en mangas de camisa consumiendo mucho líquido.

Recorrido: Colmar (Francia)-Hamburgo (Alemania)

Total km: 755,8 km

Consumo total: 49,1 l

Consumo medio: 6,5l/100 km

Velocidad media: 140 km/h

Día 5 (Miércoles 21 de junio)

Me despierto a las 6:30, el sol ya salió hace un buen rato, y por esta latitud parece que todo el personal tiene prisa, parecen hormiguitas, sin duda alguna, los teutones son eficientes y dan un buen servicio al turista. Como de costumbre, reviso la moto(presión de las ruedas, nivel de aceite, tensión de la correa y compruebo algún que otro tornillo) pero esta mañana he observado pérdida de gasolina por debajo del depósito, como siempre por el sitio más complicado. He de contar que cambié el depósito original por otro de más capacidad, que me resulta “rana”, pues no se puede aprovechar la capacidad total que dice el fabricante por estar mal diseñado, Y ahora la pérdida gasolina. Al principio me preocupé, pero decidí seguir rumbo al norte y comprobar la pérdida en sucesivas etapas siguientes. El tránsito de camiones seguía igual que el pasado día, así que opté por cambiar de rumbo dejando la carretera principal, y coger una secundaria, que resultó ser muy cómoda atravesando pequeños pueblos cubiertos de vegetación hasta conducirme a Puttgarden, donde me esperaba el ferry para llevarme Dinamarca. La travesía es de una hora y cuesta 3400 pesetas. Una vez embarcado y trincada la moto, aparecieron dos harlistas alemanes con cara de pocos amigos, con sendas motos de horquillas super-lanzadas, según me contaron, iban a Suecia a “pelearse” con otra banda de motos, en vista de la única y concisa conversación, no me atreví hacerles una foto de recuerdo.

Pasado control de aduanas, por decir algo, crucé Dinamarca de sur a norte, siendo un paseo para mi 883 que quería devorar más carretera. Menos mal que la frenaría el ferry antes de cruzar a Suecia! Las latitudes iban subiendo tranquilamente junto a los kilómetros. A este punto de la singladura, destaco que la moto navega de maravilla, y el que suscribe estas líneas, tan pancho. Sigue la pérdida de gasolina, pero parece que no es mucho. En otra etapa desmontaré el depósito para comprobarlo.

La travesía desde Helsingor (Dinamarca) hasta Helsingor (Suecia) es de media hora, y el precio 2100 pesetas. Aquí en Suecia, el control fronterizo no existe, Tan sólo una aduanera sueca que debía tener más de 60 años ordenaba la salida de vehículos del ferry. Buen comienzo.

Conecte el GPS y puso rumbo al norte costeando. El cielo de este atardecer limpio, sin nubes, el aire es ligero del sur y caluroso. Al rato de navegar localicé un camping que más bien parecía una ciudad de roulottes y súper tiendas de campaña con sus maceteros, vallitas, todo estaba inmaculado de limpio y sereno, con césped cortado al ras. Por lo visto, los suecos son muy aficionados a este tipo de vacaciones familiares. Monté mi modesta y pequeña tienda, me duché con agua fría, pues no tenía monedas sueltas para el termo (aquí no perdonan, todo se paga), hice la colada de días anteriores y monté el tenderete de ropa desde la tienda hasta la moto, cené en el chiringuito de camping, en fin que todo prometía. Por la tarde-noche (parece que el sol no quiere acostarse), me visitaron los primeros mosquitos de esta las latitudes, son más negros y el doble de grandes, pero en este primer asalto salí airoso. Sobre las tres de la mañana según el reloj, pues la claridad era notable, llegó el primer chaparrón, vaya forma de llover, no paraba. Salí del saco a recoger el tenderete. Sobre las cuatro, la tienda era una isla en medio de agua, Apliqué mi máxima paciencia y esperanza, esta última bien nublada.

Recorrido: Hamburgo (Alemania)-Halmstad (Suecia)

Total km: 532,3 km

Consumo total: 34,6 l

Consumo medio: 6,5l/100 km

Velocidad media: 130 km/h

Día 6 (Jueves 22 de junio)

El día de hoy ha sido pasado por agua, desde la madrugada y hasta Oslo, Que me recibió con cielo despejado. Después de una noche mojada, preparé la moto haciendo algunos cambios con el equipaje, y enfundando todo contra la lluvia. Al principio la travesía navegaba de forma moderada, Pero comprobando que las ruedas no me hacían nada raro, navegué entre los 100 y 120 km/h. Toda la ruta hasta el final de la etapa, fue de empapada general desde el cuello hasta los pies. Hoy he pasado frío… en el banco, todos me miraban como un bicho raro, derramando agua por los cuatro costados. Para esta noche decido pernoctar en un hotel y empaparme de agua caliente, me parece que la tienda mojada de campaña va ser historia este viaje, Pues hay hotelitos que resultan iguales de precio que un camping.

Recorrido: Halmstad (Suecia)-Oslo (Noruega)

Total km: 438,6 km

Consumo total: 22,8 l

Consumo medio: 5,2 l/100 km

Velocidad media: 110 km/h

Día 7 (Viernes 23 de junio)

Pues sigue lloviendo. El día de hoy me lo planteo para resolver los problemas de la empapada física, y reparar el depósito que sigue perdiendo gasolina a marchas forzadas. Me presenté en Harley Davidson (Oslo) sin previo aviso para solucionar la pérdida del depósito. Como era fin de semana, Y a las cuatro de la tarde pican billetes, la mejor solución fue como “Juan Palomo”, Me puso manos a la obra y deje todo mascaito para que soldaran dos grietas en la parte central del depósito. Después me compré unos buenos pantalones a prueba de agua, Y sobre todo, unas buenas botas de Goretex, y asunto concluido. Llame a mis amigos de Oslo, me enseñaron por la tarde parte de la ciudad y me invitaron a cenar. De vuelta al hotel, empaqueté parte del equipo de camping y otros bultos que me sobraban, Para que me facturasen a casa. Me estuvieron informando de rutas bonitas y de que el tiempo previsto para los siguientes días seguirían con lluvia, pero estaba contento con la reparación y las compras. Con los mapas abiertos me quedé dormido.

Día 8 (Sábado 24 de junio)

Sigue lloviendo, menos mal que es verano. Preparé la moto y enfundado con mi nueva piel (que no me la quitaría hasta llegar a España), puse rumbo al norte primeramente para variar Y luego hacia la costa. Esta ruta hacia las montañas es tremendamente bonita, las tranquilas poblaciones que atravieso son casas de madera de colores, incluso enormes iglesias rodeadas de pulcros cementerios Y buscas por todos los sitios. La carretera es cómoda y fluida, tengo pereza para hacer fotos con esta lluvia que no para. Voy notando que el frío se hace más palpable. Subiendo por lo que decimos puertos de montaña, pues la altitud es de 160 m, el frío es más intenso, y diviso pequeñas carreteras de pistas paralelas que se ven nevadas. No me lo pienso Y vario el rumbo hacia ellas. Los paisajes son desolados, casitas de madera aisladas, pero hermosos, si antes no veía mucho tránsito por estos lares lo único que navega es mi 883. La carretera-pista llega a un punto que lo que necesito es un trineo. De nuevo vario rumbo, adentrándome en la civilización asfáltica. Navego de nuevo por las crestas de estas montañas a 170 m de altura, mi sorpresa es que no voy cruzando con cientos de ciclistas de todas las edades con bicicletas de todo tipo. No sé si hoy es el día de la bicicleta, pues nunca he visto tanto personal dándole los pedales con este tiempo tan divertido. Bajando de las montañas entre ríos revueltos, cataratas, lloviznando, con niebla, frío y nieve por las cunetas, hice un alto en el camino para hacer unas fotografías, y a una vikinga de buen ver que estaba reponiendo fuerzas, Le pregunté a qué se debía tanta bicicleta, Y tranquilamente me dijo que todos los años (en verano, claro) era tradicional hacer este recorrido hasta Oslo. Nada, me estaba hablando de 500 Km!!! Le comenté que la subida y el frío que le esperaban era de cuidado, pero no le dio mucha importancia. Sin duda alguna, esta gente del Norte siente y aman los deportes.

Recorrido: Oslo (Noruega)-Trondheim (Noruega)

Total km: 591,8 km

Consumo total: 30 l

Consumo medio: 5 l/100 km

Velocidad media: 110 km/h

Día 9 (Domingo 25 de junio)

El día de hoy amanece, por decir algo pues no existe la oscuridad, nublado y lloviznando. Me enfundo mi segunda piel y toda la ropa de abrigo que llevo (que es bien poca). Al principio de la ruta que voy costeando me dolía el cuello, Supongo por el frío y la lluvia, ya que si lo mueves, el líquido elemento se cuela, y no es agradable. La última prenda contra el frío que me quedaba (una bufanda del Coronel tapioca) me solucionó el aportarme calor. Toda esta ruta costera es preciosa atravesando fiordos y adentrándome por montañas nevadas. El paisaje va cambiando, no en los verdes y en el agua, pero sí en los árboles, que se van haciendo más pequeños y que van apareciendo tramos de monte de tipo tundra. El musgo es como un manto espeso que cubre todo. Las ardillas cruzan la carretera de un lado a otro. Por la tarde me encontraba en la línea imaginaria del círculo polar ártico con sol, la posición por GPS es: N: 66º 333,124 E:015º 19,392

Todas las montañas están cubiertas de nieve, que incluso llega la carretera. Voy bajando de las montañas serpenteando a carretera que me conduce a la costa con clima más templado por la corriente del golfo, apareciendo de nuevo hermosos y altos árboles. La ruta es relajante, navegas por la costa, te introduces en innumerables túneles y te encuentras de nuevo en zona de montaña con el esplendor de la nieve, los ríos y cascadas. Con mi vecino el “Gnomo” que está pescando salmones a esta hora en un salto de agua me quedo dormido.

Recorrido: Trondheim (Noruega)-Kobbelvag (Noruega)

Total km: 704,5 km

Consumo total: 49,1 l

Consumo medio: 6,6 l/100 km

Velocidad media: 115 km/h

Día 10 (Lunes 26 de junio)

Para no variar, la lluvia aparece de madrugada. Después de un buen desayuno a base de pescado crudo que mi amigo el “Gnomo” me ha regalado, me enfundo mi segunda piel y pongo rumbo norte costeando. La ruta sigue siendo de película, las singladura es muy relajada, las curvas no son pronunciadas, hay subidas y bajadas y todo buen ritmo, una delicia para el motero.

Los pasos de los túneles me sigue sorprendiendo, es como si te taparan la vista, y al salir descubres paisajes pintorescos, siempre distintos. Estoy navegando por la famosa E6 que serpentea la costa de Sur a Norte. La carretera termino muchas veces en el mar, por lo que para seguir, tienes que coger pequeños trasbordadores cuidas travesías son de 35 minutos, los precios no suben de las 900 pesetas. Los paisajes me siguen cautivando, centenares de islas de pescadores con casas de madera de vivos colores, rodeadas de altas montañas nevadas.

El final de la ruta de hoy es Narvik (donde nació este viaje), visité a mi amigo Frenk (el buzo, entrenador de perros de trineo), me acompañó de compras, necesitaba algo más de protección contra el frío y buenos calcetines. Estuvimos comentando rutas por el interior de la Laponia más salvaje, fuera del alcance turístico. Me comentó que por regla general, si llueve en la costa Noruega, por el interior sueco y finlandés no llovería. Sin pensarlo más, tracé la ruta del día siguiente y me quedé dormido soñando con el sol.

Recorrido: Kobbelvag-Narvik (Noruega)

Total km: 209,3 km

Consumo total: 14,2 l

Consumo medio: 6,8 l/100 km

Velocidad media: 120 km/h

Día 11 (Martes 27 de junio)

Como va haciendo costumbre este viaje, amanece, que no amanece, pues la luz siempre la misma, pues a eso que está lloviendo.

Suelo levantarme a las 6:30, y siguiendo las costumbres, reviso la moto. El desayuno de hoy es frutos secos y fruta. La ruta hacia Suecia es de alucinar, voy subiendo montañas peladas de vegetación, todo está cubierto de musgo y nieve, me acompaña la ligera llovizna y niebla cerrada, llevo encendidas todas las luces, y navegando con el GPS quien me va guiando todo momento, la velocidad que llevo es de 55 km/h, Cruzo el puesto fronterizo entre Noruega y Suecia, que son dos casetas de madera con sus correspondientes banderas, nada más, por aquí, sólo viven los renos, la ruta hacia Riksgransen que es un pequeño pueblo de montaña donde vive mi buen amigo Lars Thulin fotógrafo de expediciones. Como no sé su dirección, lo mejor es preguntar, pero ¿ A quien preguntar?, no hay nadie. Veo humo de chimenea en una casa, que resulta ser una especie de cafetería (cerrada), y por el hume del tejado, alguien tiene que vivir, me esperaba a través de los cristales, pues el sonido de mi 883 es un aviso kilométrico, una chica me mira a través de los cristales, seguramente extrañándose de ver a otro ser humano, le digo si conoce a mi amigo, y le teléfono, increíble, este pueblo está habitado.

Tomamos unos cafés en su estudio de fotografía, contándonos los últimos chismes de viajes y expediciones. Lars tiene un contrato en septiembre como fotógrafo para una expedición al Everest con siete mujeres escaladoras, Yo le llevo la cámara. Volviendo a realidad, comentamos la ruta de quiero hacer, me prevé que vaya siempre con depósito lleno, pues es una zona muy poco transitada. Conecté el GPS poniendo rumbo primeramente hacia el Sur-Oeste, para luego variar hacia el Norte.

Efectivamente, toda la ruta es como navegar por un desierto, pero cubierto de árboles de baja altura, matorral tupido, musgo, y creo que conté una docena de coches, eso sí, si hubiese tenido algún problema, todavía estaría por estos lares con la única compañía de los renos, zorros y liebres árticas, y mosquitos, los pocos coches van a toda leche, como para pedirles ayuda, es que ni te ven.

Pasando por una aldea de nombre Nedre Soppero, y por lo del caldito, paré a tomar bocado, el sitio en sí me extrañó, todo era inmaculado y dentro del restaurante que era un salón e iglesia a la vez, me esperaba unos medios santones de barbas blancas, y creo que estaban esperando algún intruso para comérselo en un puchero. En fin, que instinto de supervivencia me alertó y arranqué todos los caballos de mi 883. La sopa la dejaré para mi regreso.

Desde que desapareció la niebla, Mi amiga la lluvia me acompañaba en todo momento, pero iba contento, no sentía nada mojado, los pantalones de cordura y sobre todo las botas, fueron mi salvación. Paraba de vez en cuando, por lo menos para saber que existía, y no sé cómo, pero la marabunta de mosquitos acudían a mi, así que tenía que fumar un cigarrillo con casco puesto. Como la lluvia no paraba, el GPS lo tenía a buen recaudo, Y como es normal la ley de Murphy se hace patente, desviándome hacia una ruta todavía más desolada, que hacía tiempo me preocupó porque el asfalto pasó a pista dura. Bueno, pues eso, que me regalé 60 km más. Por estas latitudes pasas de un país a otro como que ve llover, de pronto me encontraba en Finlandia, y al rato estaba en Noruega de nuevo, y eso que esta mañana había cruzado a Suecía, en fin que los paralelos y los países son solo para los “Gnomos y Trolls”, que deben ser los únicos que habitan por aquí.

Puse rumbo norte, que parece que está más habitado. Llegé a una bonita ciudad costera del Norte, escribiendo este diario, y sintiendo más cercano cabo norte, me quedé dormido.

Recorrido: Narvik-Alta (Noruega)

Total km: 679,6 km

Consumo total: 44,2 l

Consumo medio: 6,5 l/100 km

Velocidad media: 120 km/h

Día 12 (Miércoles 28 de junio)

Amanecer de día, y como va siendo normal, lloviendo. Después de un suculento desayuno a base de pescado crudo con ricas salsas, conecto el GPS marcando la ruta al norte, la última etapa para llegar a mi destino de ida.

En esta bonita ciudad, pregunté en una tienda de motos (de dos ruedas, pues existen infinidad de talleres y tiendas de moto-trineos que en esta época están baradas en dique seco), si me podrían indicar el lugar del “Club búnker de motos”, y por las caras que me pusieron, me parece que no era muy amigos de este club, y creo que no les hizo mucha gracia, Y recordando la conversación de los moteros alemanes de los primeros días, me dije, ruedas para que te quiero.

La navegación de este día es de maravilla en todos los sentidos, paisajes, carretera, tranquilidad…

Los vientos fríos del norte junto al aroma del mar, me indicaban que el norte más septentrional de Europa estaba a unas cuantas rodadas de mi 883. En la lejanía divisé el letrero un autobús de españoles, Y cuando adelanté, hicimos gala de nuestras bocinas y señales luminosas de ilusión.

La ruta continuaba atravesando puentes y costando parajes, pequeños pueblos de pescadores de simular belleza con secadores de pescado y túneles. El primero de ellos, de 6,8 km de longitud que unen las islas bajo el mar, te engulle bajando una pendiente, notándose el frío y la humedad, para luego ir subiendo en suave pendiente, y claro como no, hay que pagar un peaje de 1200 pesetas, incluido el folleto. Luego se atraviesa otra vez otro pequeño túnel, para más tarde a atravesar el tercero de 4,6 km (esta vez entre montañas) Y subir a la meseta de este final de trayecto del Norte. Por suerte, luce mi amigo deseado, el sol. Es curioso, antes de atravesar el primer túnel estaba lloviendo a mares, y al cruzarlo, te encuentras con sol. Bueno, pues eso, que cuando sale el sol, estos humanos del Norte se animan y las calles están ambientadas. Los últimos kilómetros son preciosos y los paisajes a ambos lados de lo más placentero. Para llegar al punto más extremo y deseado tienes que pagar, cómo no, eso sí, te atienden a las mil maravillas, te preguntan la nacionalidad y al pagar este peaje turístico de 3500 pesetas te dan un folleto en tu idioma, todo un detalle. Ah! Este peaje es válido para dos días, pero este lugar mítico para todo motero, la soledad del entorno y el paisaje, lo merecen.

Cabo Norte:

N: 71º 10’ 210”

E: 025º 47’ 008”

Total Km recorridos desde Tarifa (Cádiz): 6445,6 km

Bueno, pues he llegado, y el sol luce por los cuatro puntos cardinales, el viento frío del norte es soportable. El parking de este extremo norte esta concurrido, con autobuses, coches y roulottes, la única moto es mi 883, que la tenía cargada de bártulos Y ante la cantidad de humanos variopintos que pululaban por esta latitud, di un corto paseo septentrional, dejando estas instalaciones para buscar un camping, descargar la moto, comer, y por la tarde regresar de nuevo.

A 13 km alquilé una cabaña después de una opípara comida-cena, a base de pescado, como es normal. Sobre las nueve de la noche por el reloj, pues la luz del sol proyectaba mi sombra, subí de nuevo a Cabo Norte. En la distancia reconocieron el sonido de mi 883, y al pasar por el peaje me saludaron como si me conocieran de toda la vida. Déjeme 883 en un punto estratégico para la famosa foto en la esfera armilar, pero no quedando contento, en la recepción de este complejo comercial y atendido por unas nativas vikingas de muy buen ver, les conté mis andurriales desde el extremo opuesto, pidiéndoles la posibilidad de poner mi 883 justo al lado de la famosa esfera. Con simpatía accedieron a mi petición, ya que la afluencia de visitantes era escasa, y cuando me disponía a navegar los últimos 100 m, aparecieron unos moteros italianos. Atracamos las tres motos junto al pedestal soporte de la esfera situado en el acantilado, y nos hicimos las respectivas fotos. Visite el interior del tinglado comercial que estaba bajo la tierra y abarrotado de turistas, lo único que me cautivó fue la proyección del documental en tres dimensiones sobre el Norte de Noruega, especialmente las tomas submarinas, por algo será.

Sobre las 11 de la noche (por el reloj), encontré vestigios ibéricos, conociendo una cariñosa familia de Tarragona con su hija que es un encanto, Y que también estaba recorriendo estas tierras con su autocaravana. Para festejar este momento inolvidable de sol de medianoche, me invitaron a un par de cubatas, que me supieron a gloria, y sobre todo brindar y compartir esta hermosa noche de luz con tonos anaranjados únicos en esa latitud, es una sensación anormal y nueva, la recomiendo. Pasamos unas horas haciendo fotos, video y charlando. Cuando me despedí de ellos, me reuní con varios moteros italianos, alemanes y daneses, con sus respectivas motos y curiosamente el abuelito danés llevaba una 50 cc. En esta reunión improvisada comentamos todo tipo de anécdotas de viaje, algunos de ellos era la treceava vez que visitaba estas latitudes, animados todos de la compañía mutua, aportamos licores típicos de nuestros respectivos pueblos, y te puedes imaginar cómo acabó todo aquello. Sobre las siete de la mañana regresé a la cabaña con cielo despejado, La temperatura es de 19°, una bendición en comparación a los días anteriores.

Recorrido: Alta-Cabo Norte (Noruega)

Total km: 282,5 km

Consumo total: 19,2 l

Consumo medio: 6,5 l/100 km

Velocidad media: 110 km/h

 

 

 

 

 

 

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